EL INCENDIO DE GILET

El 4 de Febrero de 2.014 a las 21.00h me encontraba dentro del dragón de la Calderona, en Gilet,  con mi ex mujer Rhea Marmentini, mis hijos y varios artistas extranjeros. Uno de ellos, una pintora húngara, salió en algún momento a telefonear y entró de repente con el rostro desencajado gritando como loca. Salí rápidamente a ver qué ocurría y vi grandes llamaradas detrás de la parte más alta del terreno del dragón. Subí corriendo y vi que un gran fuego se extendía rápidamente hacia el norte debido al intenso viento. Cogí una manguera e intenté sofocarlo mientras hacía llamadas como podía a los bomberos y al teléfono de emergencia. Mientras tanto todos habían abandonado el dragón hacia un lugar más seguro. Al cabo de un rato Rhea regresó y me gritó desde abajo que mejor lo dejaba y me iba porque el fuego se estaba propagando rápidamente y mi labor era inútil. Permanecí todavía un buen rato con mi pequeña manguera hasta que vi que en efecto mis esfuerzos no tenían sentido. Salir del dragón fue complicado, lo hice en mi coche a través de la única calle de acceso, completamente inundada por las llamas. Atravesarlas me hizo sentir como en una película de acción, y ahora que lo pienso, de haber ocurrido cualquier pequeño fallo en los 70 metros que pasé a través del mar de llamas, ahora mismo no lo estaría contando.
Días después recibimos una llamada de la Guardia Civil en la que nos comunicaron que los investigadores habían deducido que el fuego se había iniciado dentro del terreno del dragón. Si esto ya fue una sorpresa, os podéis imaginar cómo me sentí cuando un par de semanas después me hicieron ir a la comisaría de Puzol para decirme que nos hacían responsables del incendio. Rhea para entonces se había marchado a Nueva York con intención de establecerse allí, pero a mí me detuvieron y me hicieron las fotos de rigor de frente y de perfil (debería utilizarlas en alguno de mis futuros discos), aunque el juez dictó que no se me retuviese y me dejaron ir por falta de pruebas. La guardia civil no dudó en mandar una nota de prensa al día siguiente, provocando una explosión mediática que me dio a conocer como incendiario en el globo terráqueo de forma mucho más rápida y efectiva que a través de mi larga carrera como músico, vaya cosa increíble. Nos acusaban por un delito de imprudencia, decían que habíamos apagado mal un incendio anterior en un algarrobo… absurdo! Los que nos conocen saben que jamás hicimos un fuego en ningún lugar y que éramos extremadamente cuidadosos. También decían que habían colillas en los alrededores, no lo pongo en duda, pero el terreno no estaba vallado y yo jamás he fumado, pero la guardia civil por lo visto quería cerrar el expediente cargándole el muerto a quien fuese, y yo era el perfecto chivo expiatorio como propietario del dragón.
A lo largo de todo este tiempo el proceso ha sido sobreseido en tres ocasiones por el juez de instrucción, y otras tantas reabierto por las compañías de seguros en su afán de recuperar como fuese el dinero gastado en el siniestro. Mientras tanto una investigación más profunda por parte de técnicos especialistas en incendios echó por tierra la tesis de la guardia civil y demostró sin lugar a dudas que los focos del incendio fueron tres y no uno, por lo que la razón de éste no pudo ser un descuido por nuestra parte sino que fue sin duda obra de una acción deliberada.
Hace pocos días he recibido el auto de la audiencia provincial de Valencia en el que tres letrados llegan a la conclusión de que nunca hubo base alguna para acusarme, y que el incendio debió ser intencionado, la acción de un pirómano o un tarado (las dos cosas), del que probablemente nunca lleguemos a conocer la identidad. Así pues, el caso ha quedado archivado.
Qué mundo loco…

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